Recta final de la poda en los viñedos de Montrubí

Los viñedos en invierno tienen un encanto especial. No cautivan por sus tonalidades verdes de las hojas tiernas ni por los amarillos y burdeos intensos de las uvas maduras. Durante los meses más fríos, el paisaje se tiñe de grises y ocres suaves, y las cepas parecen dormir. Pero este reposo aparente es, en realidad, un momento clave para el ciclo vital de la vid: la vid descansa para prepararse para una nueva añada.

Es también en este período, entre finales de año y las puertas de la primavera, cuando tiene lugar una de las labores más decisivas en el viñedo: la poda. Hay muchos tipos, adaptados a la orografía, a la orientación del terreno, a la edad de la cepa y, sobre todo, al perfil de vino que se quiere conseguir. Cada corte es una decisión que condiciona el crecimiento futuro de la planta, su equilibrio y la calidad de la uva. Por eso la poda exige experiencia, sensibilidad y conciencia. En la manera de podar estaremos determinando cómo será el vino de ese año.

En Montrubí: el viento y la exigencia de la verticalidad

En el caso de Montrubí, la poda está fuertemente marcada por los vientos de l’Avellà. Este año la iniciamos a finales de noviembre y la alargaremos todavía unos días más, acompañando el ritmo que nos marca la viña.

Hemos comenzado por las cepas de cariñena, continuando con la garnacha, el xarel·lo y la parellada. Estos últimos días de febrero nos encuentran podando los viñedos verticales de sumoll negro, probablemente de los más exigentes de trabajar. Su conducción en vertical, deliberada, responde a la voluntad de obtener un perfil muy concreto: vinos con identidad, tensión y expresión propia de la gama Gaintus.

Dies de poda a Montrubí
Viñedo vertical en Montrubí | Vilateral